Para
Brian Fodrey, el trabajo que se realiza en las instituciones educativas se está
volviendo cada vez más móvil, digitalizado y geográficamente disperso. La
tecnología móvil proporciona gratificación instantánea al esfuerzo de los
estudiantes, dentro y fuera del aula, cuando realizan trabajos digitales. Sin
embargo, esto aumenta la demanda de recursos tecnológicos. Las instituciones
deben capitalizar los puntos fuertes de la portabilidad y de la
naturaleza BYOD de
la tecnología móvil, y aceptar que, como resultado, nuestra facultad, personal
y de los estudiantes van a contar con un soporte nuevo y diferente de nuestras
divisiones de tecnología.
Por su parte, Goodrum presenta una serie de ejemplos en los que instituciones
de educación superior están utilizando el Internet de las Cosas [2] para ayudar
a los profesionales de diferentes áreas a combinar datos provenientes de
diversos objetos para tomar las mejores decisiones posibles.

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